Mariela Castillo, una enfermera musical

Las XI Jornadas Científicas de Enfermería del CMDLT “Lic. Mariela Castillo” se realizaron el pasado 11 de mayo en homenaje a esta brillante profesional que ha compaginado su vocación por la ciencia de la salud y el arte musical.

La enfermera es la esencia del amor al prójimo, del afecto a los demás y de la acción impagable de ayudar cuando más se requiere una mano conocedora y humana. Más allá del uniforme blanco es un ser humano íntegro que resuelve las carencias de salud y atiende los sentimientos del paciente.

No es fácil ser enfermera. Es cuestión de vocación, altruismo, mucha preparación y amplia experiencia. Cada día se aprende más en la relación con las demás personas en el ámbito hospitalario. Hoy es una carrera universitaria noble que porta un valor muy especial a quien la ejerce.

Si a todo eso le sumamos el componente musical en la personalidad de la enfermera, resulta un ser estupendo. Así ocurre con la licenciada Mariela Castillo, epónima de la XI Jornada Científica de Enfermería que lleva su nombre como homenaje a su vasta carrera en la salud. “Soy músico académica. Violinista. Mi motivación de ser enfermera nació cuando era niña asmática, por lo cual sufrí muchas hospitalizaciones continuas y en esa cotidianidad conocí un personal de enfermería muy profesional, cariñoso y generoso en atención de salud. Así fue mi primer encuentro con la enfermería”, recuerda Castillo. Su entrega a la actividad musical como violinista se vio limitada a raíz de un accidente que lesionó su columna y le impedía estar parada mucho tiempo seguido. No obstante, su dedicación a la enfermería ha sido total. Uno de sus rasgos más sobresalientes es su destreza para tomar vías a los pacientes, habilidad que aprendió cuando en el primer semestre de su carrera les enseñan a cateterizar vías escogiendo a la mejor amiga de estudios, proceder con ella y viceversa. Una manera muy humana de aprender y desarrollar empatía, cuidando no provocar el dolor ajeno.

DESCUBRIR LA VOCACIÓN

En 1990, se enteró por un anuncio en un periódico que el  Colegio de Enfermeras Universitario del Centro Médico de Caracas abría las inscripciones, acudió al examen de admisión y fue aceptada. Para su padre la idea era que fuese médico no se cumplió, pero sí logró verla realizada como profesional de la enfermería.

Al Centro Médico Docente La Trinidad ingresó al graduarse de Técnico Superior en Enfermería, en San Bernardino, cuando una de sus profesoras le informó sobre las vacantes para la Unidad de Diálisis. Era 15 de octubre de 1993, fecha imborrable porque fue el inicio de una fuerte relación con el CMDLT convirtiéndolo en su casa, su pasión. A sus compañeros, desde entonces y durante 25 años, los asumió como su familia, recibiendo la gratitud de pacientes, sembrando afectos desde el carpintero hasta los presidentes, los doctores Pablo Pulido, Antonio Mogollón y Carlos Guinand. Comenzó su trabajó al lado de los doctores César Prú, Mirna Infante, Ana María Sanánez, de quienes recibió la formación específica en diálisis. Posterior al fallecimiento de dos pacientes muy deteriorados por enfermedad renal concretó su traslado al Servicio de Gastroenterología de este centro, en el cual crece en su profesión al lado de eminencias como Eduardo Yánez, Ramón Ruiz Curiel, Álvaro Carvajal, Dervis Bandres, quienes le enseñaron el ABC de la especialidad. Allí continúa con entrega diaria, mística y alegría “hasta que Dios quiera”.

SER ENFERMERA HOY

En la actualidad el ejercicio de cualquier profesión es severo, y la enfermería no escapa de esa realidad. Castillo visualiza el futuro de esta noble labor como un reto complejo pero prometedor. “En estos 25 años he vivido y superado con la institución tiempos difíciles, cuando éramos pocos y cabíamos todos sentados en nuestro auditorio Carlos Klemprer”, rememora. Dice sentirse parte de la evolución institucional, aprendiendo con las nuevas tecnologías y conceptos, actualizada siempre, consciente de la existencia de un grupo importante de talentos humanos y aplicando la ciencia para mantener el nivel de excelencia, lo cual la hace creer que es posible seguir en el camino de logros si cada quien aporta lo máximo de si.

La formación musical de Castillo es lo que la estimula. Al llegar a su sitio de trabajo activa la computadora para abrir sitios de música variada que amenizan el ambiente. Y es obvio ese sentir para quien a los 15 años comenzó sus estudios musicales, teniendo como competencia a niños con 6 y 7 años en la disciplina, siendo fundadora de la Orquesta Infantil de Caracas con el Maestro José Antonio Abreu, quien siempre la apoyó. Luchó en sus inicios como último violín y terminó como concertino al pasar a la Orquesta “Simón Bolívar”. Ese recorrido artístico la llevó a conocer al cirujano Rafael Casanova quien es destacado músico y fundador del grupo “Armonías de Venezuela”, con quien integró la agrupación “Cantilena” junto a 5 enfermeras más y a Cecilia Oropeza, terapista respiratoria, poseedoras de reconocido talento musical.

Blanca García Bocaranda
CNP 620
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